Premio Elias Valiña 2009

Hoy día de Navidad nos hemos levantado con la triste noticia de que un incendio, producido por un rayo al caer sobre un transformador, a reducido a cenizas el Santuario de Muxia, la Casa de la Virgen Pequeña que cantaba el romance.



La noticia ha recorrido como la pólvora entre la comunidad de peregrinos del Camino de Santiago y es que el Santuario da Virxe da Barca en Muxia ha sido afectado por un fuerte temporal más conocido como ciclogénesis explosiva que está afectando a todo el país y con mayor intensidad en Galicia.

El Santuario da Virxe da Barca tuvo un papel destacado entre los peregrinos que iban hasta Finisterre para acabar su peregrinación. También este santuario tiene una gran valor por la leyenda de que fue el Apóstol Santiago en su predicación por estas tierras quién recibió ánimos de la Virgen, debido al poco caso que le hacían.

Esta es la leyenda de este Santuario que ya ha recibido el apoyo del presidente de la Xunta de Galicia para su reconstrucción.

A pie de mar, a escasos metros de donde la aguas de la Costa da Morte baten sus fuertes olas, se sitúa el Santuario de Nosa Señora da Virxe da Barca. Se localiza en la bocana de la Ría de Camariñas, en frente del Cabo Vilano. Se accede al templo desde la población marinera de Muxía por el camino llamado Camiño da Pel (Camino de la piel), que bordea el Monte Corpiño. En esta vía se encontraba una fuente donde los peregrinos solían lavarse antes de visitar el famoso santuario. Estamos ante uno de los santuarios marianos más importantes de Galicia, debido a su gran número de devotos y a su antiguedad, ya que sus orígenes se pierden en el tiempo.

Según la leyenda, la Virgen, vino a este lugar en un barco de piedra para dar ánimos al apóstol Santiago, para que continuara con su labor de divulgación de la doctrina que Jesús le había enseñado. Las piedras que se dispersan por el lugar son los restos de la embarcación. Se dice que debajo de una de estas rocas, se encontró la imagen de la Virgen y fue llevada hasta la iglesia de la villa. Misteriosamente la imagen desapareció del templo y fue hallada extrañamente de nuevo en la roca donde había sido originalmente encontrada.

Fue por esto que se construyó en este lugar, a pie de mar, el templo donde la Virgen quiso quedarse. La tradición se remonta a cuando Muxía era lugar de paso obligado para muchos peregrinos camino de Fisterra (Finisterre), provenientes de Santiago y así poder acabar la peregrinación. Casi con seguridad, la tradición derivaría de otros ritos paganos más antiguos relacionados con el culto megalítico.

Los primeros escritos datan de los siglos XIV y XV, concretamente del año 1544, en donde nos hablan de una pequeña capilla, quizás románica, dedicada a la Virgen, que se encontraba en este mismo lugar. En el siglo XVII, debido a los misteriosos milagros que los devoton contaban, el templo logró su máximo apogeo. Hoy, esta Virgen es la patrona de los marineros y abogada de todos aquellos que tiene que hacer un viaje marítimo. Fue por ello que en el año 1719 se construyera el actual templo, gracias a las donaciones de los Duques de Maceda, señores de las Torres de Cereixo, cuyas cenizas fueron depositadas en un sarcófaco posteriormente en este templo. El santuario adopta la forma de planta de cruz latina de una sola nave y se construyó en estilo barroco. Unos arcos fajones sostiene la bóveda que cubre parte de la nave. En la parte central se cubre con bóvedas de aristas. La fachada nos muestra dos torreones posteriores que datan del año 1958. En el interior, además de la bella imagen gótica de la Virgen, encontraremos un retablo barroco, obra de Miguel de Romay, creado en el año 1717. En este retablo se representan los doce apóstoles rodeando a la Virgen que se encuentra sobre la barca que la trajo a este lugar.

Justo a un lado del templo, se levanta la casa rectoral. Se construyó en el año 1828 por mandato del párroco José Fondevila. Un campanario con espadaña completan el conjunto, el cual fue construído en el 1834. Un sencillo crucero completa el conjunto artístico. Pero otra de las causas de la devoción por este lugar lo conforma las famosas piedras que se distribuyen por el lugar muy cerca del mar. Estas, según la tradición forman parte de la barca de piedra en la que la Virgen llegó al lugar. La más conocida es la llamada Piedra de “Abalar” , según la leyenda, quién se situe encima de ella, si es limpio de corazón, se balancerá levemente y emitirá como un leve ronquido. Se trata de una piedra delgada y larga. También se dice que cuando se balancea es que premoniza alguna desgracia y que también su movimiento tiene propiedades adivinatorias. A finales de la década de los 70 la piedra se rompió a causa de un rayo y fue movida por un gran temporal. Hoy en día la piedra ha vuelto a ser colocada en su situación original y ha sido arreglada hasta en cuatro ocasiones, la última en el 2009. Otra de las piedra más conocida, es la de “Os Cadrís” con forma de riñón y se ubica muy cerca del templo. Es la “vela” de la barca de la Virgen y se cuenta que alivia y cura enfermedades de riñón, de espalda y de cabeza a quién pase nueve veces por debajo. Conforman el conjunto pétreo la piedra del “Timón” y la Piedra de los “Enamorados”.

FUENTE: El Camino de Jesús Palacios

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