Premio Elias Valiña 2009
CRÓNICA DE LA VISITA CULTURAL DEL 18 DE DICIEMBRE DE 2021

“LA CATEDRAL DE SEVILLA”

Después de los necesarios trámites de control de asistentes y reparto de las radioguías, accedimos al Patio de los Naranjos, por la Puerta del Lagarto, dispuestos a conocer algo más de nuestra Catedral que, con más de 20.000 m2, es la mayor del mundo en estilo gótico. Franqueado el acceso, Manu, nuestro guía, comenzó sus explicaciones hablándonos de la historia del famoso lagarto (en realidad cocodrilo), del colmillo de elefante y de la cabeza de jirafa que se encuentran apenas se accede al recinto. Allí pudimos admirar el contraste de la antigua puerta musulmana que comunicaba con el interior de la mezquita, con la puerta gótica adosada a la anterior.

Situados junto a la fuente visigoda del antiguo patio de abluciones de la mezquita, Manu nos explicó el origen de la gran mezquita mayor, con 17 naves, que los almohades decidieron construir en sustitución de la anterior situada en el solar de la Iglesia del Salvador. Su puerta de acceso era la actualmente conocida como Puerta del Perdón y su construcción finaliza en 1.198 con la colocación de las esferas doradas que remataban la torre o alminar. Dichas esferas se desprendieron con motivo de un terremoto, en el siglo XIV y se sustituyeron por un pequeño campanario hasta que en el siglo XVI se le encarga a Hernán Ruiz II el remate renacentista que se construye entre 1.558 y 1.568 y que otorga la imagen actual de la Giralda, a excepción de los jarrones de azucenas que se añadieron en el siglo XVIII.

Durante casi dos siglos la antigua mezquita fue usada como Catedral con apenas modificaciones en su configuración, a excepción del cambio de orientación de los fieles, pues en el templo musulmán estos rezaban en dirección sur y en el templo cristiano los asistentes miran al este. Cuando a mediados del siglo XV comienza la construcción de la Catedral gótica, ésta comienza por los pies, al contrario de lo que era tradicional, ello debido a un enfrentamiento entre la corona y la jerarquía eclesiástica, en torno a los enterramientos reales existentes en la cabecera del templo.

Después de las anteriores explicaciones generales, entramos en el templo a través de la Puerta de la Concepción, cuya portada es relativamente reciente pues data de finales del XIX.

En el interior, Manu nos habló del magnífico y poco valorado repertorio de vidrieras cuya cronología va desde el siglo XV hasta el XX. Nos detuvimos a contemplar uno de los dos órganos existentes, caracterizado por su magnífica talla barroca y a continuación iniciamos un recorrido por las capillas laterales que rodean al templo, con visitas más detenidas en las de mayor interés. En el lado norte nos detuvimos en la de Santiago y en la de San Antonio con imponente cuadro de Murillo y la imagen original de la Virgen de los Olmos, una copia de la cual se encuentra en una hornacina en la fachada oriental de la Giralda y que originalmente estuvo en el llamado Corral de los Olmos, edificio adosado a la Catedral en el espacio de la actual plaza Virgen de los Reyes y que fue sede de los cabildos civil y eclesiástico de la ciudad.

Antes de continuar por las capillas del lateral sur, nos detuvimos a contemplar la exposición temporal de custodias en la que se exhiben las procesionales más importantes de la Archidiócesis sevillana, junto a ellas contemplamos la capa pluvial del emperador Carlos V, el pendón de Fernando III, la tumba de Hernando Colón, el cuadro del Ángel de la Guarda de Murillo y las cogidas al suelo y a los pilares del imponente monumento efímero que se levantaba para los cultos de jueves, viernes y sábado santos, hasta los años sesenta del siglo XX.

En la nave sur comenzamos visitando la capilla de San Laureano por donde comenzó la construcción gótica y en cuyo altar se celebraron los primeros ritos del templo gótico. De allí pasamos a contemplar el tenebrario, un inmenso candelabro de bronce. Luego visitamos las conocidas como capillas de alabastro, adosadas al coro y donde se puede contemplar la Inmaculada conocida como la Cieguecita, obra de Martínez Montañés.

Siguiendo con las capillas laterales pudimos admirar la tumba de alabastro del Cardenal Cervantes y la rica capilla de la Virgen de la Antigua, la de mayor porte de todas las capillas laterales.

A continuación llegamos al mausoleo de Cristóbal Colón donde se nos informó de los avatares históricos de sus restos hasta su definitivo descanso en este lugar desde 1.902.

Siguiendo con el recorrido perimetral, contemplamos la tumba del Cardenal Spínola, entramos en la Sacristía de los Cálices con el gran cuadro de Santa Justa y Rufina de Goya, pudimos ver el Cristo de la Clemencia, más conocido como Cristo de los Cálices, soberbio crucificado de Martínez Montañés. De ahí pasamos a las dependencias renacentistas de la esquina sureste del templo, comenzando por la Sacristía Mayor, con cuadros de Valdés Leal y Zurbarán, de allí al llamado Patio del Cabildo, a la sala de Antecabildo, a la magnífica Sala Capitular de planta ovalada, obra del arquitecto autor del remate de la Giralda, Hernán Ruiz II, para terminar en la sala del Tesoro donde se exponen piezas de orfebrería y alta joyería.

De nuevo en las naves catedralicias, se nos informó de la Capilla Real a la que no pudimos acceder, por estar reservada al culto en horario de visitas turísticas. 

Para terminar la visita nos desplazamos al altar mayor donde se disertó sobre el imponente retablo gótico de más de 30 metros de altura, el mayor del mundo, y donde se encuentra la pequeña imagen de la Virgen que da título al templo, Santa María de la Sede. También pudimos contemplar el cimborrio, bóveda del encuentro del crucero con la nave principal, con rica decoración florida y que padeció dos derrumbes, el primero en 1.511, apenas cinco años después de haber sido construido y el último en 1.888 por culpa del colapso de uno de los cuatro pilares que lo sustentaban.

Con ello y después de dos horas de didáctico paseo por el interior de la Catedral, finalizó la visita. Algunos asistentes se dirigieron al interior de la Giralda para ascender por sus rampas al cuerpo de campanas para disfrutar de sus magníficas vistas y el resto se dispersó para menesteres más prosaicos (tomarse un aperitivo por los bares de la zona o irse a casa que la comida estaba sin ultimar).


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