Premio Elias Valiña 2009

Como colectivo ciudadano, no podemos por menos que rendir un homenaje a un hombre íntegro como él, ejemplo de ética y valores. Dicen,los que han conocido a Mandela, que era difícil no sucumbir a sus encantos y no sentir admiración por él.

Porque su comportamiento como ser humano, su empatía, su respeto a los demás, envolvía y seducía. Pero destacaba, sobre todo, su espíritu reconciliador, habiendo sabido aparcar el odio la violencia y la venganza.

Porque Mandela, es cierto, tuvo un pasado violento. Pero en los 27 años que pasó en la cárcel revisó su espíritu de revancha. Y resurgió como una persona que puede ser tomada como referente, no solo para los políticos sino para las buenas personas.

Quiero compartir contigo, amigo lector, unas palabras de sus memorias que para mí son un referente importante de tolerancia, de reconciliación y de fe en el hombre, en el hombre bueno:

“A punto de salir de la cárcel Badenhorst se dirigió a mí y me dijo: sólo quiero desearle a usted y a su gente buena suerte. Badenhorst probablemente había sido el más cruel y salvaje jefe que habíamos tenido en la cárcel. Pero ese día me había revelado que existía otro aspecto de su naturaleza. Un lado oscurecido pero que ahí estaba. Me ha servido siempre de recordatorio de que todo ser humano, incluso los más sangrientos, tienen una parte noble, y si su corazón es movilizado son capaces de cambiar”

Mandela fue un hombre de gestos que daba mucha importancia a los símbolos. Sabía hacerlo y apelaba no solo a la razón sino tanto o más al corazón.

Cuando se jugó en Sudáfrica la final de de la Copa del mundo de rugby Mandela, que era entonces el presidente del país, se presentó con la camiseta verde de la selección sudafricana.

En un país con un grave problema racial la camiseta representaba para los negros todo un símbolo de represión y de odio mientras que para los blancos era casi una religión. Cualquier político habría interpretado aquel partido de rugby en clave de amenaza y riesgo, por el posible enfrentamiento entre blancos y negros, y se habría puesto a la defensiva.

Mandela lo vio con otros ojos y con una visión estratégica, pacificadora y constructiva.

Superar el deseo de venganza. Transformar un símbolo que generaba odio y división en uno de reconciliación. Apelar al corazón del hombre, con la convicción de que se puede movilizar y cambiar. Creer en el hombre. Son lecciones maravillosas que me suscita la reflexión de la vida de ese hombre que se nos acaba de ir.

FUENTE: Religión Digital

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