La catedral de Santiago acaba de prohibir el acceso a la misma de peregrinos con mochila y bordón. 
Olvidan estos señores que los peregrinos cuelgan sus sueños de la mochila y abren paso a los mismos con el bordón. Olvidan también que la catedral no es de Cabildo alguno, ni de Archicofradía alguna, ni siquiera de arzobispo alguno, la catedral es de Santiago y sus peregrinos, del último y más humilde de éstos.
Los peregrinos ya tienen vedado el acceso al árbol de Jesé, a pie de Pórtico, donde rendidos tras el largo viaje depositaban su mano abierta y sus sentimientos, eso ya es recuerdo, polvo del Camino. Pero olvidan, sobre todo, estos ensotanados señores su propia historia.
La catedral se hizo por y para los peregrinos, no para ellos, ellos son simples guardianes, “custodios” de una tumba al final de todos los caminos de occidente, porteros sin chuzo pero con sotana, porteros burócratas, espesos y municipales, porteros “desalmados”, sin alma alguna. Y el propio templo es ejemplo de libro de un santuario específico de peregrinación. Allí dormían los peregrinos, comían, cantaban por naciones, asesinaban pòr un lugar ante el Apóstol (fue menester volver a consagrar varias veces el templo por estos derramamientos de sangre), rezaban, no abandonaban a su Apóstol tras centenares o miles de kilómetros de polvo, sudor, calamidades, miedo y fe, fe infinita.
Los testimonios son abrumadores. Los narradores de la peregrinación del gran príncipe Cosimo dei Medici relataban, asombrados, como los peregrinos abrazaban con emoción a Santiago para tocarlo a continuación con su propio sombrero, y así aparecía el Apóstol tocado ora de tirolés, luego de borgoñón, más tarde de baturro... siempre con la sonrisa bondadosa de complicidad con sus peregrinos.
Pero todo eso es ya pasado. Cuando se produjo el glorioso renacimiento de las peregrinaciones jacobeas, en los años ochenta del pasado siglo, la participación de la catedral de Santiago fue nula, no se enteraron de nada, todo se les fue en arquear el entrecejo cuando vieron entrar en Compostela, cubiertos de polvo y flores, a los nuevos peregrinos de un Camino renacido, para rápidamente instaurar burocracias, hacer pucheros y ponerle puertas al Campo mientras los peregrinos les llevaban noticias de los amaneceres de Estella, de los atardeceres junto a la Cruz de Ferro, del lecho de paja en la humilde palloza de O Cebreiro y de extrañas señales de reconocimiento en formas de flechas amarillas. Se les vimo encima, ni lo esperaban ni mucho menos esperaban a los peregrinos de un Camino renacido. Todo su empeño se fue en blindar la meta, ignorando en absoluto el Camino y, mucho más aún, ignorando también que por él se estaba acercando a Santiago lo mejor de la nueva Europa. Además de amargarle la vida al gran Elías Valiña instauraron un recibimiento gélido, inquisitorial y burocrático a los peregrinos de ese Camino renacido.
El peregrino, y con él el Camino, se mueve por mitos, parece vivir en un periodo liminal, sumergido en una burbuja y ajeno a casi todo, durante un viaje donde ritos y símbolos cobran una importancia fundamental. Ritos, mitos y símbolos del pasado que han hecho suyos (como la bendición del peregrinos en Roncesvalles, lo de poner sus manos en el árbol de Jesé antes de que secuestraran el Pórtico de la Gloria, o arrojar su piedra en la Cruz de Ferro) e incluso ritos del presente, nacidos con el propio renacimiento actual de las peregrinaciones, como la intensa línea de monjois creados en diversos puntos del Camino, las ceremonias de purificación de las ropas por el fuego y los baños rituales en el Finisterre, e incluso asistir a las queimadas evocadoras del bueno de Jesús Jato en Villafranca. El carácter flexible de todo lo ritual que preside el Camino permite no sólo que viejos elementos sean completados con nuevos contenidos sino que otros elementos innovadores puedan ser incluidos sin ningún problema. La peregrinación se va convirtiendo así en una vía de escape, un viaje a Ítaca pasando por Esparta, donde cada persona puede poner entre interrogantes su propia vida confundido e igualado entre otros semejantes que viven parecidas preocupaciones acompañados de su propia sombra, a veces la única compañía de sol a sol. Todo invita a sumirse en un estado de reflexión imposible en las duras condiciones de vida y trabajo en las grandes ciudades, en un mundo dominado por las prisas y el estrés, hasta el punto de que para muchos la peregrinación supone una auténtica catarsis.
El Camino proporciona algo muy difícil de conseguir en nuestros días, el distanciamiento, distanciamiento de la familia, de las propias responsabilidades, de la propia vida cotidiana y de la sociedad a la que se pertenece. El ecumenismo del Camino, su multiculturalidad, la convivencia diaria y en condiciones extraordinarias con gentes de los más diversos países, razas, creencias e idiomas, en unas condiciones de paz, serenidad y reflexión, produce además un alimento cotidiano y un cúmulo de experiencias imposible de conseguir ya en otros sitios. El individuo, catalogado, clasificado y alienado por la sociedad que le ha tocado vivir, vuelve a reconocerse como persona, reconoce y tal vez se reconforta en una espiritualidad que sólo era ya una luz mortecina, recupera su albedrío, se reconcentra, piensa en ese viejo amigo que tal vez dejó en la infancia ya lejana, es decir, vuelve a reencontrarse consigo mismo tras una larga travesía. De ahí lo difícil que se le hace al peregrino salir de la burbuja una vez terminado el Camino, y de ahí el enorme predicamento del Camino en si como itinerario sagrado que defienden sus mejores valedores, es decir, los propios peregrinos. Efectivamente, peregrino viaja en una burbuja de difícil acceso, donde todo es posible, pero burbuja al fin y al cabo, sólo accesible para sus conmilitones, el peregrino jamás canta su canción salvo al que con él va, raramente se abre fuera del momento mágico que está viviendo, fuera de su Camino. Y esto es algo fácil de percibir para cualquiera que, desde fuera, se acerque a un peregrino en Camino.
El rastro en los libros de peregrinos hace resaltar, poderosamente, la función simbólica del propio itinerario. Y, caminando con ellos, está “el espíritu de Santiago”, algo indefinible que poco tiene que ver con reliquia alguna en una tumba y si con una serie de valores asumidos por todos: espiritualidad no restrictiva y en sentido amplio, solidaridad, humildad ante la naturaleza y el espacio sagrado (“el Camino”) que se está pisando, búsqueda, aventura y libertad en un gran Camino para andar. Esos valores conforman “el espíritu de Santiago” y son los que producen el auténtico “milagro del Camino” y que hacen que en el mismo se encuentren perfectamente a gusto un budista, un católico, un agnóstico o un seguidor del gran Manitú... “la puerta se abre a todos”.
Y la propia Compostela, por lo mismo, nada tienen que ver con Fátima, Lourdes, Roma o el frío ataúd de piedra en que quieren convertir la catedral de Santiago Ese espíritu de Santiago, ese “Santiago” querido por todos es el que están intentando secuestrar estos personajes, despojándolo de todo contacto real con sus peregrinos.
Posiblemente la catedral de las grandes peregrinaciones quede un frío contenedor para guiris con pamelona y guías turísticos, en ello va todo el empeño de esa gavilla, los peregrinos son bultos sospechosos, ahora les quitan mochila y bordón, pronto intentarán despojarles del alma. Pero algún día el Santiago de los peregrinos soltará las amarras y el contenedor de piedra donde le mantienen secuestrado y la emprenderá a bordonazos en el lomo con todos estos ignorantes “des-almados”. Ese día repicarán todas las campanas desde Roncesvalles al Obradoiro.
QUITEN SUS MANOS DE GARDUÑA DEL ESPÍRITU DE SANTIAGO.(José Antonio de la Riera)
FUENTE: Foro Camino de Santiago
El pasado martes comenzó el congreso organizado por la Universidad sobre el monasterio mozárabe, cuando se cumple el 1.100 aniversario de su consagración
Con motivo de la celebración del 1.100 aniversario de la consagración del monasterio de San Miguel de Escalada, el Instituto de Estudios Medievales de la Universidad de León ha organizado un congreso que se desarrolló a lo largo de la semana pasada, situando en el centro la fecha del 20 de noviembre, cuando un epígrafe hoy desaparecido señala que se realizó la dedicación de este templo. Las sesiones del congreso tuvieron lugar en el Palacio del Conde Luna; mientras que la jornada central se realizó en la propia iglesia de San Miguel de Escalada. La colaboración de investigadores, nacionales e internacionales, especialistas en los distintos temas, permitió abordar aspectos políticos, monásticos, artísticos, arqueológicos, codicológicos y epigráficos. Igualmente dada la importancia del cambio de rito litúrgico, el obispo de la diócesis, Julián López, celebró una misa según el rito mozárabe.
Los aspectos históricos del congreso corrieron a cargo del profesor de la Universidad de Oviedo, Juan Ignacio Ruiz de la Peña, buen conocedor de la monarquía asturleonesa. Los aspectos arqueológicos fueron abordados por Hortensia Larrén, que en su día excavó en San Miguel de Escalada y publicó los resultados. Los aspectos artísticos los presentaron los profesores Isidro Bango (Universidad Autónoma de Madrid), Matthias Untermann (Universidad de Heidelberg) y Manuel Valdés (Universidad de León). Para los aspectos relacionados con la epigrafía estuvo la profesora E. Martín (Universidad de León); y para los codicológicos, los profesores J. Vezín (EPHE. París), J. A. Fernández Flórez (Universidad de Burgos) y Vicente García Lobo (Universidad de León). Este congreso ha sido posible gracias al apoyo de distintas instituciones, además de la propia Universidad de León.
FUENTE: Diario de León
La Asociación de Profesionales Independientes de la Arqueología de Asturias organizó, entre otras actividades dedicadas a la Cámara Santa y su tiempo, una celebración de la Eucaristía en RitoHispano en la iglesia de San Julián de los Prados que tuvo lugar el sábado 16 de noviembre
El interés de esta carta no es el agradecimiento debido a los organizadores por la feliz idea de permitirnos participar del Misterio Cristiano en el mismo lugar, del mismo modo y con los mismos textos que quienes levantaron tan singular templo. Tampoco es caso de ensalzar la hermosura de las palabras y la elegancia de la celebración llevada a cabo por los celebrantes (y, de modo eminente, por don Manuel), que nos unieron en la oración, más allá de la distancia temporal, a aquellos miemos fieles. No es tampoco la ocasión de encomiar la gran afluencia de pueblo a este magno acontecimiento, pueblo que participó plenamente, haciéndonos sentir cómo el rito primigenio asturiano es tan “participativo” como la liturgia romana moderna (podría decirse que mucho más, ciertamente). Todas estas cuestiones, que fueron importantes, quedan en un segundo plano ante la realidad de lo que ocurre y ocurrió.
La realidad es que Oviedo, y Asturias en general, son depositarias de un legado que está a la altura de cualquier tesoro cultural mundial y que el evento de ayer sábado marca un momento histórico que espero nos anime a reflexionar en profundidad: al pueblo, a los ciudadanos y a las instituciones, tanto civiles como religiosas.
Pocos lugares en el mundo tienen la carga histórica, la riqueza artística y la perennidad doctrinal de las iglesias prerrománicas asturianas. Tal estabilidad religiosa y celebrativa, la preservación de los ornamentos pictóricos, y la conservación física del edificio hacen que estos templos tengan la virtud de unirnos profundamente con quienes, más de mil años atrás, entraban en ellas y, fascinados por las pinturas y por la extraña luz del Oriente (en la Eucaristía) o del Poniente (en las Vísperas), rezaban al Dios que trae la salvación en medio de las fatigas y trabajos cotidianos. Quién pudiera desaprenderse de todo su bagaje cultural para así sentir la misma emoción que ellos al traspasar el umbral y verse rodeados de las ventanas y cortinas de la Jerusalén Celeste , que comparte con los viatores el Cordero Sacrificado. Quién pudiera llorar con el mismo placer al escuchar los cantos sagrados. Qué gran suerte haber compartido con ellos, mil doscientos años después, el lugar, las palabras, la música y el culto. Y, por cierto, qué inmensa alegría afectiva, expresada como esperanza palpable, transmiten los textos litúrgicos hispanos. Qué hermosa, plástica, realista y cariñosa relación con la Trinidad tenía la Iglesia Astur , que es la Iglesia de España, en su liturgia sagrada.
Esa es la realidad, eso es lo que tenemos, este legado hemos recibido. No bastan las palabras, solo quien pudo “estar ahí” sabe qué intento expresar.
Por ello, porque solo quien estuvo lo sabe, surge el deseo de la restauración ritual incoada en el Concilio y uno de cuyos importantes pasos fue la publicación del misal del rito por Juan Pablo II en los años ochenta. La singular celebración de ayer, en el corazón de la Iglesia Particular de Asturias, mueve al anhelo de la recuperación del rito primigenio de esta tierra. Es verdad que hubo un intento de estabilidad en Valdediós, pero soy de la opinión de que este culto merece ser celebrado en todos los templos de esta tierra en que alguna vez lo fue. Y la eucaristía de ayer muestra que no sería un esfuerzo baldío.
San Julián de los Prados, San Julián de Viñón, Santiago de Gobiendes, San Salvador de Priesca, San Pedro de Teberga… por citar solo algunos de los lugares naturales, amén del propio “Conventín” son una invitación perenne a reinstaurar esta riqueza que la Iglesia ha vuelto a reconocer y en la que el pueblo astur, felizmente distinguido por ello, merece participar. Y, si la falta de clero capaz es un límite hoy día, ciertamente hay medios para resolverlo.
Quieran las Instituciones, civiles y religiosas, que la celebración marque el comienzo de la nueva era del Rito Hispano en Asturias, la preservadora de la fe cristiana en nuestra tierra española.
Gracias a APIAA, […] y al párroco de San Julián de los Prados por esta oportunidad, que seguro será la primera de muchas.
FUENTE: Mozarabía
De la ruta jacobea destaca su restauración y adaptación al siglo XXI
La Organización Mundial del Turismo (OMT), agencia adscrita a las Naciones Unidas para la promoción y desarrollo de un turismo responsable, ha editado un libro sobre experiencias turísticas sostenibles entre las que se encuentra el Camino de Santiago. En la publicación, de 72 páginas a cargo de Anita Mendiratta, se recogen las experiencias turísticas de 14 personajes bajo el título Historias de Turismo.
El capítulo dedicado a la ruta jacobea está escrito por José Antonio de la Riera, expresidente y uno de los fundadores de la Asociación Amigos del Camino de Santiago en Galicia. En el capítulo, el autor ejemplifica como el turismo bien entendido puede servir de elemento de revitalización y transmisor de valores universales.
De la Riera habla de su vocación recorriendo los Caminos de Santiago, de como ha sido posible restaurar y adaptar al siglo XXI una experiencia de peregrinación medieval y de lo hermoso de conservar y transmitir a las generaciones futuras el patrimonio material e inmaterial.
FUENTE: La Voz de Galicia
Vocabulario básico sobre la misa hispano-mozárabe
Ad accedentes
Canto que acompaña la comunión en la misa hispano-mozárabe. Está compuesto por varios versículos del salmo 33 (34) encabezados por la antífona «Gustad y ved qué bueno es el Señor». Sin embargo, algunos tiempos litúrgicos y las fiestas más solemnes tienen canto ad accedentes propio.
Ad confractionem
Canto que acompaña la fracción del pan en la misa hispano-mozárabe. Existe sólo un pequeño repertorio de cantos ad confractionem .
Ad orationem dominicam
Oración variable que recita el sacerdote para introducir el Padre nuestro tras la fracción del pan, dentro de los ritos de preparación a la comunión en la misa hispano-mozárabe.
Ad pacem
Oración variable que recita el sacerdote para introducir el rito de la paz, que en la misa hispano-mozárabe es previo a la plegaria eucarística, una vez terminados los dípticos.
Alia
Oración variable que en la misa hispano-mozárabe recita el sacerdote a mitad de los dípticos, tras las peticiones por la Iglesia, para que Dios acepte la súplica del pueblo. Concluye con una fórmula de enlace que introduce la plegaria por la jerarquía eclesiástica y la comunidad cristiana allí presente, la memoria de los santos y el sufragio por los difuntos.
Anáfora
Nombre que recibe en las liturgias orientales la plegaria eucarística.
Anámnesis
Parte de la plegaria eucarística que mediante el recuerdo, actualiza los grandes acontecimientos de la salvación, principalmente la pasión, muerte y resurrección de Cristo. En la misa hispano-mozárabe está dentro de la oración post pridie o del post sanctus .
Antiphonarium
Libro litúrgico del rito hispano-mozárabe que contenía los cantos musicalizados para la misa y el oficio. Todo el material musical estaba ordenado por días y ciclos litúrgicos. Además, en un apéndice se ofrecía un repertorio variado de cantos alternativos para los domingos de Cotidiano, los sacramentos, el común de santos y las celebraciones sacramentales y votivas.
Año litúrgico
Organización del tiempo en un ciclo anual siguiendo la celebración progresiva del misterio de Cristo, desde su nacimiento hasta su última y definitiva venida, y en donde también se inserta el recuerdo de la Virgen María y de los santos.
Apostolus
Segunda lectura que se lee en la liturgia de la palabra de la misa hispano-mozárabe, excepto en el tiempo de Cuaresma que ocupa el tercer lugar. Está tomada de los escritos apostólicos: de los Hechos de los apóstoles en el tiempo pascual y de las cartas del nuevo Testamento (cartas de san Pablo, carta a los Hebreos, carta de Santiago, cartas de san Pedro, cartas de san Juan y carta de san Judas) el resto del año litúrgico.
Asamblea
Comunidad reunida para la celebración litúrgica, signo de la presencia del Señor y manifestación de la Iglesia.
Benedictio
Bendición que imparte el sacerdote en la misa hispano-mozárabe antes de comulgar. Es el último acto de preparación para la comunión. Está compuesta por tres versos variables dirigidos al pueblo y una conclusión que se refiere a Dios.
Benedictiones
Fragmento del cántico de Daniel (Dn 3, 52-53. 57. 87-89) que, en la misa hispano-mozárabe, se canta en las solemnidades de mártires, a continuación de la lectura de la parte conclusiva de su pasión.
Breviario
Nombre que se daba al libro litúrgico que contiene los textos necesarios para celebrar el oficio divino. Tras el Concilio Vaticano II (1962-1965) ha pasado a designarse Liturgia de las horas.
Completuria
Oración de acción de gracias con texto variable que, en la misa hispano-mozárabe, recita el sacerdote una vez que se ha terminado de cantar la antífona después de la comunión.
Conmixtión
Mezcla de un fragmento del pan consagrado con el vino también consagrado. En la misa hispano-mozárabe la hace el sacerdote antes de impartir la bendición, dentro de los ritos preparatorios a la comunión. De este modo se significa la unidad del cuerpo y de la sangre del Señor en la obra salvadora, es decir, del cuerpo de Cristo viviente y glorioso.
Dípticos
Oración universal o intercesiones solemnes por las necesidades de la Iglesia y de la humanidad entera que, en la misa hispano-mozárabe, tiene lugar entre la liturgia de la palabra y la liturgia eucarística. Esta oración litánica fija que dirige el diácono es expresión de la comunión con toda la Iglesia (la jerarquía, el pueblo de Dios, los santos y los difuntos) y, contemporáneamente, intercesión por determinadas necesidades de orden temporal (los enfermos, los cautivos o encarcelados, los que van de viaje).
Doxología
Fórmula de alabanza o bendición normalmente trinitaria, aunque también puede dirigirse al Padre o a Cristo, con la que concluye una oración o un himno. En la misa hispano-mozárabe, la doxología principal la encontramos como conclusión de la plegaria eucarística.
Epíclesis
Invocación al Espíritu Santo para que transforme determinadas cosas o las personas. En la misa hispano-mozárabe la epíclesis se encuentra en la oración post pridie : cuando se invoca la fuerza del Espíritu Santo para completar la transformación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo (epíclesis «consecratoria»); hay una segunda epíclesis, en la que se pide para que ese mismo Espíritu transforme también a la asamblea (epíclesis «de comunión»).
Escuela hispalense
Escuela eucológica que surgió en torno a la sede de Sevilla e influyó en la formación y estructuración del rito hispano-mozárabe así como en la composición de textos litúrgicos. Sus miembros más relevantes fueron, sin lugar a dudas, los hermanos Leandro († 600) e Isidoro († 636), ambos arzobispos de Sevilla.
Escuela tarraconense
Escuela eucológica que surgió en torno a la sede de Tarragona e influyó en la formación y estructuración del rito hispano-mozárabe así como en la composición de textos litúrgicos. La primera prueba documental de la existencia de esta escuela la encontramos en el siglo VII: una carta del obispo de Toledo san Eugenio al obispo de Tarragona Protasio. Ahora bien, los concilios de Tarragona, Gerona y Barcelona del siglo VI en los que se tratan cuestiones litúrgicas hacen suponer una existencia anterior a esa noticia epistolar. En esta escuela destacan, entre otros: Justo de Urgel († primera mitad del siglo VI) , Pedro de Lérida († mediados del siglo VII), Juan de Zaragoza († 631), san Braulio († 651) y Quirco de Barcelona († 666).
Escuela toledana
Escuela eucológica que surgió en torno a la sede de Toledo e influyó en la formación y estructuración del rito hispano-mozárabe así como en la composición de textos litúrgicos. Comienza su andadura con el establecimiento de la corte visigótica en Toledo, tras su conversión oficial al catolicismo (concilio III de Toledo, año 589). Entre sus miembros más notables encontramos a tres arzobispos de la ciudad: san Eugenio († 651), san Ildefonso († 667) y san Julián († 690), a los que habría que añadir el nombre de Conancio de Palencia († 639).
Eucología
Conjunto de oraciones de un libro litúrgico o de una celebración.
Evangeliario
Libro litúrgico que contiene los pasajes evangélicos para la liturgia de la palabra de la misa distribuidos según el orden del año litúrgico y del santoral.
Evangelium
Nombre que recibe en la misa hispano-mozárabe la proclamación del evangelio. La lectura del texto evangélico, situada después de la lectura del nuevo Testamento, está reservada al diácono, excepto en la Vigilia pascual que es el propio sacerdote -obispo o presbítero- que preside la celebración quien la hace. Además, para manifestar su importancia, los fieles lo escuchan de pie y también se puede incensar el libro, así como acompañar su lectura con cirios encendidos.
Gloria a Dios en el cielo
Himno doxológico y festivo que en la misa hispano-mozárabe se canta al inicio de la celebración eucarística, una vez que el sacerdote a llegado a la sede. Se omite en las misas feriales de todo el año y también en los domingos de Cuaresma.
Gótica/o, liturgia/rito
Véase: visigótica/o, liturgia/rito.
Hagios
Aclamación con la que la asamblea responde a la invitación a orar que hace el sacerdote antes de los dípticos en la misa hispano-mozárabe.
Hispana/o, liturgia/rito
Uno de los sobrenombres con los que, a lo largo de la historia de la liturgia, se ha designado el rito hispano-mozárabe. Entre todos los apelativos que se le ha dado, éste sería el más apropiado, pues casi hasta la abolición de este rito en el año 1080, la península Ibérica -lugar donde había nacido y se había forjado- era conocida con el nombre de Hispania.
Illatio/inlatio
Oración variable que, en la misa hispano-mozárabe, recita o canta el sacerdote al inicio de la plegaria eucarística, tras el diálogo introductorio. La alabanza y acción de gracias propias de esta oración que unas veces se dirigen a Dios Padre y otras a Jesucristo, están impregnadas de un carácter reflexivo y meditativo.
Inmixtión
Véase: conmixtión.
Isidoriana/o, liturgia/rito
Uno de los sobrenombres con los que, a lo largo de la historia de la liturgia, se ha designado el rito hispano-mozárabe dado que fue san Isidoro de Sevilla (c. 560-636) uno de los personajes clave en su elaboración: compuso varios textos litúrgicos, presidió el concilio IV de Toledo (año 633) que fue el que más cánones dedicó a la liturgia, y redactó personalmente las actas del mismo, escribió el tratado De Ecclesiasticis Officiis considerado como el primer «manual de liturgia»… Sin embargo, este arzobispo de Sevilla, no fue el único forjador del rito hispano-mozárabe.
Laudes
Canto aleluyático que cierra la liturgia de la palabra en la misa hispano-mozárabe. Se interpreta después del evangelio, o de la homilía si ha habido. Durante el tiempo de Cuaresma se suprime el término «aleluya» del texto de las laudes .
Libelli
Cuadernillos en los que inicialmente se recogían los textos para una o más misas. Posteriormente, se agruparán siguiendo el orden del año litúrgico dando origen a los primeros misales.
Liber commicus
Libro litúrgico del rito hispano-mozárabe que contiene los textos bíblicos para la lecturas bíblicas de la liturgia de la palabra de la misa: prophetia (en el tiempo de Cuaresma: la lectura sapiencial y la histórica), psallendum ( threni los miércoles y viernes de Cuaresma), apostolus , evangelium y laudes. Los textos están distribuidos según el orden del año litúrgico y del santoral.
Liber missarum
Véase: Misal.
Liber misticus
Libro litúrgico del rito hispano-mozárabe que agrupaba todos los textos y elementos necesarios para la celebración de la misa y del oficio. Se componía de cuatro volúmenes que seguían el orden del año litúrgico.
Liber sermonum
Libro del rito hispano-mozárabe que contiene homilías o sermones, sólo en parte de autores hispanos, destinados para ser leídos después de la proclamación del evangelio.
Libro litúrgico
Libro que contiene los textos y las indicaciones para la celebración.
Liturgia de las horas
Véase: oficio divino.
Manuale
Véase: Misal.
Memorial
Véase: anámnesis.
Misal
Libro litúrgico que contiene los textos necesarios para celebrar la eucaristía.
Misal gótico (Missale Gothicum)
Nombre que dio el cardenal Francisco Antonio de Lorenzana, arzobispo de Toledo, a la publicación corregida y amentada que hizo del Misal hispano-mozárabe en Roma el año 1804.
Misal mixto (Missale mixtum)
Libro litúrgico del rito hispano-mozárabe que contiene los textos necesarios tanto para celebrar la eucaristía como el oficio divino.
Mozárabe, liturgia/rito
Uno de los sobrenombres con los que, a lo largo de la historia de la liturgia, se ha designado el rito hispano-mozárabe. Nos remite al período de la dominación árabe en la península Ibérica, cuando quienes permanecieron fieles a la religión cristiana recibieron el nombre de mozárabes, esto es, arabizados, por parte de los cristianos que no convivieron con los musulmanes. Sin embargo, aunque debemos reconocer que los mozárabes fueron los que conservaron y transmitieron el rito tras su abolición (concilio de Burgos, año 1080), con este apelativo queda circunscrita al período en que los cristianos vivieron bajo la dominación árabe, y esta liturgia se celebraba mucho antes de que existieran las comunidades mozárabes.
Oferencio (Oferencium)
Libro litúrgico del rito hispano-mozárabe que contiene el ordinario de la misa. Su finalidad es facilitar la celebración eucarística pues posibilita que el celebrante pueda leer alternativamente las partes fijas desde el Oferencio y las variables desde el Misal, sin tener que estar continuamente cambiando de página.
Oficio divino
Oración que, de forma pública y comunitaria, la Iglesia dirige a Dios en los principales momentos de la jornada para santificar el curso entero del día y de la noche, siguiendo el ideal espiritual propuesto por el Señor: la oración constante . También se denomina liturgia de las horas.
Oratio admonitionis
Texto variable que, en la misa hispano-mozárabe, el sacerdote dirige a la asamblea una vez preparados los dones eucarísticos -pan y vino- sobre el altar. Su finalidad es preparar a los fieles para la oración universal o intercesiones solemnes por las necesidades de la Iglesia y del mundo entero . Antiguamente se denominaba «missa».
Oratio post Gloriam
Oración variable que, en la misa hispano-mozárabe, el sacerdote dirige a Dios tras el himno Gloria a Dios en el cielo; en las solemnidades en las que se canta el Trisagio se recita después de éste . Tomando pie de alguno de los elementos del Gloria, reúne las aspiraciones de los fieles presentes y constituye, en cierto modo, la asamblea celebrante. En las misas feriales de todo el año y también en los domingos de Cuaresma se suprime, juntamente con el himno Gloria a Dios en el cielo, esta oración.
Ordinario de la misa (ordo missae)
Ritual de la celebración de la misa donde se indican los elementos comunes e invariables de la misma.
Pasionario
Libro litúrgico del rito hispano-mozárabe que contiene la narración de la pasión de los mártires, según el orden del calendario de las fiestas de los santos. Se emplea habitualmente en el oficio matutino. No obstante también puede usarse en la misa pues, en las principales fiestas de mártires, se puede leer, tras el psallendum , el final de la narración de la pasión del mártir cuya fiesta se está celebrando.
Plegaria eucarística
Oración central de la misa que el sacerdote proclama en nombre de toda la comunidad. En la misa hispano-mozárabe está formada por un diálogo introductorio, la illatio , el canto del Santo, la oración post Sanctus , el relato de la institución, la oración post pridie y la doxología conclusiva.
Post nomina
Oración variable que, en el rito hispano-mozárabe, recita el sacerdote después de los dípticos. Normalmente pide la inscripción en el libro de la vida, en el cielo, de los nombres de aquellos por quienes se ha orado en la plegaria universal.
Post pridie
Oración variable que recita o canta el sacerdote tras el relato de la institución en la misa hispano-mozárabe. En ella se suele hace r memoria del acontecimiento salvador -la muerte y la resurrección de Jesucristo- para actualizarlo (anámnesis), se invoca la fuerza del Espíritu Santo para completar la transformación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo (epíclesis «consecratoria») y, también se pide la acción de este mismo Espíritu en la asamblea (epíclesis «de comunión»).
Post Sanctus
Oración variable que recita o canta el sacerdote, en la misa hispano-mozárabe, tras el Santo, cuya intención es servir de nexo entre este canto y el relato de la institución.
Praelegendum
Canto variable que acompaña a la procesión de entrada en la celebración eucarística del rito hispano-mozárabe, excepto en las misas feriales de todo el año y los domingos de Cuaresma. Consta de una antífona, un verso salmódico y el Gloria al Padre, repitiéndose, después de cada uno, la parte final de la antífona.
Prenotandos
Introducción que, al comienzo de cada libro litúrgico, expone la teología, la normativa, la espiritualidad y la acción pastoral de la celebración a la que el libro está destinado.
Prophetia
Primera lectura que se lee en la liturgia de la palabra de la misa hispano-mozárabe, excepto en el tiempo de Cuaresma que su lugar lo ocupa una lectura de los libros sapienciales y otra de los libros históricos. Está tomada de los libros proféticos del antiguo Testamento, aunque durante el tiempo pascual normalmente está sacada del Apocalipsis, el libro profético del nuevo Testamento.
Psallendum
Salmo que en la misa hispano-mozárabe se canta después de la lectura profética, o en Cuaresma de la lectura histórica, como meditación del texto proclamado. Normalmente está formado por una antífona, un versículo y la repetición de la parte final de la antífona. Los miércoles y viernes de Cuaresma, en lugar del psallendum , se cantan los threni .
Relato de la institución
Narración de los gestos que hizo Jesús en la última cena y las palabras que dijo para dar origen a la eucaristía. En la misa hispano-mozárabe es un texto fijo que está tomado, casi literalmente, de la primera carta de san Pablo a los Corintios (1Co 11, 23-26).
Rito
Conjunto de acciones y textos que, debidamente ordenados, expresan y configuran una acción sagrada.
Rito litúrgico
Conjunto de acciones litúrgicas, peculiaridades de tipo celebrativo y normas disciplinares propias de una comunidad particular perteneciente a la Iglesia. Existen diversos ritos en Oriente y Occidente como el rito romano, el ambrosiano, el hispano-mozárabe, el siro-antioqueno, el jacobita, el maronita, el nestoriano, el malabar, el bizantino, el armenio, el copto, el etíope… También se les designa con el nombre de «liturgias» (liturgia romana, liturgia ambrosiana…).
Sacrificium
Canto variable que, concluida la liturgia de la palabra en la misa hispano-mozárabe, acompaña la procesión de los fieles al altar para presentar sus ofendas, la preparación del pan y del vino y su colocación sobre el altar. Consta de una antífona y varios versos salmódicos, repitiéndose, después de cada uno, la parte final de la antífona.
Sanctus
Aclamación que canta la asamblea tras la illatio en la misa hispano-mozárabe para asociarse a los ángeles y santos en su alabanza a Dios. Está formado a partir del texto de Isaías 6, 3 y Mateo 21, 9. Este elemento aparece en todos los ritos litúrgicos.
Threni
Canto que en la misa hispano-mozárabe sigue a la lectura histórica -la segunda lectura- los miércoles y viernes del tiempo de Cuaresma y expresa en tono dramático la penitencia de la Iglesia y los sufrimientos de Cristo en su pasión. El texto, que varía cada día, procede de pasajes del los libros de las Lamentaciones, de Job y de Isaías. Está compuesto por una antífona y varios versos.
Toledana/o, liturgia/rito
Uno de los sobrenombres con los que, a lo largo de la historia de la liturgia, se ha designado el rito hispano-mozárabe dado que fue en la ciudad de Toledo donde pervivió tras su abolición en el año 1080. Sin embargo, este apelativo, deja de lado la vida que durante el primer milenio tuvo la liturgia hispano-mozárabe en toda la península Ibérica.
Trisagio
Triple aclamación de santidad dirigida a Dios: « Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal ». Es un elemento habitual en las liturgias orientales; en la misa hispano-mozárabe, se canta los días más solemnes tras el himno Gloria a Dios en el cielo y antes de la oración después del Gloria . Se conservan fórmulas más sencillas y fórmulas más elaboradas, así como varias versiones: en griego o en latín, o en griego y latín simultáneamente.
Visigótica/o, liturgia/rito
Uno de los sobrenombres con los que, a lo largo de la historia de la liturgia, se ha designado el rito hispano-mozárabe dado que fue en el siglo VII con el reino visigótico cuando alcanzó su mayor apogeo. Sin embargo, el rito hispano-mozárabe existía mucho antes de que los visigodos -uno de los pueblos godos- conquistaran Hispania, y muchos de sus forjadores no fueron godos, sino hispano-romanos.
FUENTE: Lex Orandi
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